Como un suave susurro del viento, un suspiro que se escapa de sus labios surcando la brisa otoñal que llevaba pequeñas frías gotas de lluvia. Con brío me apresuro hacia lo que podría ser mi condena, suplicando a todo tipo de dioses que atendieran mi cometido, que yo repetía mentalmente una y otra vez.
"Por favor, por favor no a él. Llevame contigo si deseas, envuelveme en las tinieblas con tu manto desgastado, pero déjalo libre a cambio de mi vida y alma..."
Pero temida y dichosa, la muerte se llevó a mi amor y adoración, dejándome desamparada en un mundo en el que nada ni nadie era tan importante como él.